El increíble partido de 100 puntos de Wilt Chamberlain

Hablar de Wilt Chamberlain en el mundo del baloncesto elevar la conversación a la historia del baloncesto. Probablemente sea uno de los jugadores más desequilibrantes de la historia en cuanto a ser el hombre que fue capaz de marcar una de las más grandes diferencias en el mundo del baloncesto porque Wilt Chamberlain simplemente estuvo a un nivel completamente distinto en el baloncesto de los 60.

Es cierto que posteriormente aparecieron otros grandes pívots como Kareem Abdul Jabbar o que contemporáneos como Bill Russell fueron capaces de hacer saber valer sus armas en el éxito colectivo pero ninguno de ellos logró el gran récord que el pívot de Filadelfia fue capaz de lograr. Chamberlain todavía mantiene muchos de los grandes records de la NBA y seguramente los mantendrá durante mucho tiempo más pero hay uno de ellos que destaca sobre el resto porque alcanzó una cifra, un récord, una barrera que difícilmente se llegue a igualar o superar por otro jugador en muchísimo tiempo.

El 2 de marzo de 1962 jugaban los Philadelphia Warriors, como se denominaba el equipo en sus inicios en la NBA. Daba igual. Ni la situación del equipo, ya clasificado para los ‘playoffs’, ni el rival, los New York Knicks, eran reclamo suficiente para un público que prefería ocupar su tiempo en otras actividades, sin ser conscientes de lo que estaba a punto de suceder.

Sólo 4.124 valientes, desafiando al frío, cruzaron aquella tarde Chocolate Avenue para acercarse al Hersheypark Arena. Un pabellón de recambio para los Warriors. Gran parte de la prensa ni siquiera envió allí a sus cronistas. Era un partido sin importancia y le pidieron a Harvey Pollack, encargado de tomar nota de las estadísticas de los partidos de los de Philadelphia, que tras finalizar el choque les contase lo que allí hubiera pasado. Un error que nunca se perdonarían, después de perderse una de las mayores gestas del mundo del deporte.

Aquel día todo se conjugó para que el resultado fuera perfecto y Chamberlain anotó 36 de los 63 tiros de campo que lanzó y un espectacular 28 de 32 en tiros libres, lo cual era una cifra estratosférica para él porque su porcentaje de tiros libres siempre fue malo. Anotó 59 puntos en la segunda mitad e hizo que los Warriors se llevaran la victoria por 169 a 147 frente a los Knicks en una noche que pasó directamente a la historia y que por el momento (y parece que por mucho tiempo) es única y legendaria.


Información tomada de: www.marca.com y http://historiasdelanba.com/

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