Dan Jansen: una gran historia de los juegos olímpicos de invierno

Dan Jansen es un deportista estadounidense que compitió en patinaje de velocidad sobre hielo. Ganó cinco medallas en el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad sobre Hielo en Distancia Corta entre los años 1985 y 1994. Participó en cuatro Juegos Olímpicos de Invierno, entre los años 1984 y 1994, obteniendo una medalla de oro en Lillehammer 1994, en la prueba de 1000 m, el 4º lugar en Sarajevo 1984 y el 4º en Albertville 1992, en la misma prueba.

dan jansen

Su promesa en Calgary

La llamada llegó unas horas antes de la competencia. Al escuchar la voz de su madre, Dan Erwin Jansen, el patinador de velocidad estadounidense, supo que algo no estaba bien. Anne Marie, su hermana de 27 años, agonizaba a causa de la leucemia. Dan habló con ella por última vez y lo único que pudo hacer fue prometerle que ganaría una medalla de oro en su honor en los Juegos Olímpicos.

Para cuando Dan llegó a la sede de la competencia en la Olimpiada de Calgary ese 14 de febrero de 1988, su hermana había muerto. Tratando de concentrarse se preparó para su primera competencia: los 500 metros.

Unos meses antes, durante el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad en Wisconsin, Jansen había establecido un nuevo récord y él mismo sabía que tenía capacidad de sobra para ganar el oro en Calgary. Era el mejor y lo único que tenía que hacer era salir con determinación para honrar la memoria de Anne Marie.

Pero Dan cayó. Al entrar a la primera curva de la pista resbaló y se deslizó hasta el muro de contención, derribando también a su rival. Estaba eliminado de la competencia.

Cuatro días después el atleta tendría su segunda oportunidad: los 1,000 metros. Inició lleno de energía, con una clara ventaja sobre su rival. Al cruzar los 600 metros tenía el mejor tiempo registrado por cualquier otro competidor, pero unos metros antes de la meta el hombre cayó de nuevo quedando eliminado de la Olimpiada. Una vez más, Dan Jansen había fallado.

Segundo intento en Francia

Sabiendo que la promesa estaba inconclusa Dan siguió trabajando. Sólo había una manera de sobreponerse a su derrota en Calgary: entrenar más fuerte. Para la Olimpiada de 1992 en Albertville, Francia, el mundo entero lo estaría observando. Luego de ganar dos medallas de oro en el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad el hombre llegó a los Juegos Olímpicos convencido de que ganaría una presea para honrar a Anne Marie. Pero falló de nuevo.

A pesar de ser el favorito, Dan quedó en cuarto lugar en la prueba de los 500 metros y en el vigésimo sexto sitio en los 1,000 metros. El sueño olímpico se esfumaba junto con la promesa hecha a su hermana cuatro años atrás. El mundo comenzaba a dudar de que el hombre pudiera cumplir la hazaña en la siguiente Olimpiada. Su mejor época parecía haber quedado atrás y la gloria olímpica ahora parecía una utopía.

Su lucha con los demonios del pasado

Dan siguió luchando. Aunque el mundo entero dudara, para él nada había cambiado: era el mejor y ganaría su medalla olímpica.

Entre 1992 y 1994 Dan Jansen fue el único patinador en terminar los 500 metros en menos de 36 segundos. Lo hizo en cuatro ocasiones. Volvió a ganar el oro en el Campeonato Mundial de Patinaje de Velocidad y llegó a Lillehammer, Noruega siendo el favorito una vez más.

En verdad, la lucha no era por superar a los rivales en velocidad, sino que por vencer a su mente y a los fantasmas del pasado que lo esperaban en la escarcha.

Primero fueron los 500 metros. Al salir de una curva uno de los patines de Dan se clavó en el hielo, haciéndolo perder fracciones de segundo dejándolo fuera del medallero de nuevo.

Frustrado por el resultado, Dan comenzó a dudar de poder cumplir su sueño. Sabía que sólo le quedaba una oportunidad: los 1,000 metros.

Tercer y último intento

El 18 de febrero de 1994, Dan compitió sabiendo que nunca más lo haría en una Olimpiada. Y ante los ojos del mundo hizo la carrera de su vida: impuso un nuevo récord mundial y finalmente ganó la medalla de Oro que hacía más de ocho años le prometió a su hermana.

La arena entera se conmovió al ver al hombre elevar la mirada al cielo tras escuchar el himno nacional de su país y hasta nuestros días resuena una frase que pronunció tras completar la hazaña. Esta frase nos recuerda de qué tratan los deportes, los retos y la vida misma: “En verdad no intento ser mejor que los demás, solo intento ser mejor que yo mismo”.


Información tomada de: entrepreneur.com

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