Cuando escuchamos, aprendemos…

La mayoría de los problemas de comunicación se deben principalmente a que no escuchamos a nuestros interlocutores. Generalmente, nuestra escucha es muy superficial y no escuchamos con verdadera atención. En otras ocasiones, escuchamos sólo para tener argumentos para rebatir las ideas de nuestro interlocutor.

Potenciamos nuestro aprendizaje y logramos sinergia cuando escuchamos activamente.

Aquí presentamos una serie de ideas para mejorar nuestra habilidad de escuchar:

  • Escucha con paciencia, procurando comprender.
  • Muestra atención e interés; no interrumpas continuamente a quien habla.
  • Saca tus conclusiones al final.
  • Sintetiza lo esencial, sin perderte en detalles.
  • Enjuicia el fondo y no la forma, la presentación.
  • Evita prejuicios; no intentes leer la mente de tu interlocutor.
  • Si quieres mejores respuestas, haz mejores preguntas.
  • Concéntrate. Escucha a tu interlocutor, sin pensar en otra cosa.
  • Escucha sin hacer otra cosa.
  • Habla, como mucho, la mitad que tu interlocutor.
  • Ofrece feedback y mantén contacto ocular.
  • Observa e interpreta el lenguaje corporal.
  • Escucha, sin preparar tus propios argumentos mientras el otro habla.

Tomado del libro “El tiempo, la PNL y la inteligencia emocional” (2009. Ediciones Gestión 2000. ISBN: 978-84-9875-040-9) de José Ma. Acosta

8 pasos para aprender a pensar

Encontramos esta imagen en la cuenta de Twitter de Virginio Gallardo y aprovechamos para compartir algunos tweets sobre “aprender a pensar”:

 

Buenas preguntas…

“Buenas preguntas son más importantes que buenas respuestas.”

Carla Rinaldi


Muchas personas se empeñan en tener las respuestas para cuanta situación se les presenta; la cruda realidad es que ninguno de nosotros puede tener todas las respuestas.

En una época como esta que nos ha tocado vivir y en la que la incertidumbre está presente en todo, ya no funciona el modelo de “tener todas las respuestas”; ahora lo que funciona es saber plantear las preguntas adecuadas, esas preguntas que activan la curiosidad y la iniciativa y te permiten explorar nuevos horizontes o ver con nuevos ojos lo que ya habíamos visto en el pasado.


Incertidumbre: ya no sabemos cuándo las cosas volverán a ser “normales”.

Ambigüedad: ya nadie sabe qué significa “normal”.

Preguntas potenciadoras

Algunas preguntas que sirven para reflexionar y aprender:

  • ¿Qué puedo aprender de este problema o de esta dificultad?
  • ¿Cómo puedo aprovechar esta dificultad?
  • ¿Qué hay de bueno en esta situación o problema?
  • ¿Para qué me puede ser útil esta situación o dificultad?
  • ¿Qué estoy dispuesto a hacer para superar esta dificultad?
  • ¿Qué estoy dispuesto a dejar de hacer para superar esta dificultad?
  • ¿Qué es lo que falla aún y por lo que sigue presente esta dificultad?
  • ¿Qué me motiva para superar esta dificultad?

Tomado del libro “Inteligencia emocional con PNL” de Salvador Carrión López (Editorial EDAF, S.A., 2001. ISBN: 84-414-0938-8)

7 pasos para desarrollar la inteligencia filosófica de su hijo

“El mundo está lleno de preguntas interesantes y su hijo puede ayudarle a redescubrir su curiosidad por el mundo. ¿Hubo preguntas para las cuales nunca encontró una respuesta? ¿Existe alguna pregunta que tenga miedo de formular? No tiene por qué ser así para su hijo. Su filosófico hijo necesita un hogar inquisitivo, un hogar en donde esté bien hacer preguntas y en donde la gente esté interesada en lo que piensa y siente. Un hogar en donde esté bien preguntar “¿Por qué?”. Un hogar en donde esté bien defender el punto de vista de uno, a condición de que escuche lo que otros tienen que decir. Un hogar en donde se tome en serio lo que la gente piensa, en donde se utilicen las palabras conscientemente y en donde esté bien cambiar de opinión cuando existen buenas razones para hacerlo.” Robert Fisher

  1. Comparta y discuta cualquier pregunta que le intrigue a usted o a su hijo.
  2. Pídale a su hijo que defina el significado de las palabras que utiliza.
  3. Invite a su hijo a pensar si algo es verdadero o no.
  4. Compruebe si lo que su hijo dice está basado en razones y evidencias.
  5. Anímele a que explique lo que quiere decir y a compartir ideas con los demás.
  6. Ayude a su hijo a considerar las ideas desde diferentes puntos de vista.
  7. Pensar bien significa estar dispuesto a poner a prueba y a cambiar las propias ideas.

Tomado del libro “Cómo desarrollar la mente de su hijo” de Robert Fisher (Ediciones Obelisco, S.L.; 2000, ISBN: 84-7720-735-6)