Normas de la delegación eficaz

En el libro “El tiempo, la PNL y la inteligencia emocional” (2009. Ediciones Gestión 2000. ISBN: 978-84-9875-040-9), José Ma. Acosta expone las normas de la delegación eficaz:

  • Definir las atribuciones, la autoridad y la responsabilidad que delega.
  • Comunicar estas atribuciones y esta responsabilidad a las personas, del equipo o de fuera de él, que puedan verse afectadas por ello.
  • Asistir a su colaborador y facilitarle la formación necesaria, sobre todo en la fase inicial, en la que la novedad le acarreará, inevitablemente, problemas.
  • Establecer controles que aseguren el seguimiento necesario, con frecuencia decreciente.
  • Conceder el derecho al error. Esta es, probablemente, la causa más frecuente de fracaso.

Con demasiada frecuencia, la delegación falla cuando no se respetan estas normas:

  • Al no definir las atribuciones, autoridad y la responsabilidad que se delegan, es posible que nuestro colaborador se sienta extraviado dentro del mar de normas, procedimientos, políticas y tradiciones de la empresa; también se le dificultará la toma de decisiones.
  • Cuando no comunicamos las atribuciones y responsabilidades que estamos delegando, tanto el resto del equipo como otras personas ajenas al equipo no saben cuáles son las cosas que debe resolver el colaborador.
  • Una falla muy frecuente es no formar adecuadamente a nuestros colaboradores de forma que puedan llevar a cabo sus funciones de la mejor manera posible. En muchas ocasiones se le asignan nuevas atribuciones y responsabilidades a nuestros colaboradores y cuando requieren asistencia se les dice que ellos fueron contratados para “resolver” (un gran error de muchos jefes).
  • Otra causa frecuente de las fallas en el proceso de delegación es no establecer los mecanismos de seguimiento más adecuados de acuerdo a las actividades que serán realizadas. La consecuencia directa de esta falla es el retrabajo.
  • Somos seres humanos y tenemos derecho a equivocarnos (sobre todo cuando no hemos recibido la formación adecuada para enfrentar nuevas atribuciones y responsabilidades). Si no toleramos los errores, nuestros colaboradores se inhibirán de proponer ideas para mejorar los procesos.

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